Antes de saber las consecuencias que este tipo de afectación puede tener en la salud y en la vida de las personas mayores es conveniente conocer a qué nos referimos cuando hablamos de aneurisma cerebral.
Se trata de una dolencia caracterizada por la presencia de una protuberancia anormal en un vaso sanguíneo situado en cualquier zona del cerebro. Esta protuberancia se debe a la dilatación excesiva del vaso sanguíneo y en algunos casos puede dar lugar a pérdidas de sangre o una total rotura. En estos casos, la rotura, puede dar lugar a una hemorragia subaracnoidea, situada entre el cerebro y los tejidos que lo recubren.
En cualquier caso, cuando sobreviene una hemorragia subaracnoidea el peligro para la vida del paciente se convierte en una amenaza real y es imprescindible la aplicación inmediata de un tratamiento. Esta necesidad de celeridad se hace especialmente importante cuando hablamos de personas mayores en las que la capacidad de recuperación de los tejidos y de las capacidades perdidas se minimizan notablemente. Por esta razón y por la debilidad asociada a la edad, se hace imprescindible actuar a tiempo cuando se detectan los síntomas.
No obstante, es conveniente saber que los aneurismas cerebrales no necesariamente son sinónimo de rotura del vaso afectado por lo que no generan problemas de salud por sí mismos y, por tanto, es difícil detectarlos debido a la ausencia de síntomas visibles. No es extraño que este tipo de aneurismas sin rotura sean diagnosticados cuando se acude al médico debido a otro problema sin relación. Este hecho habla por sí mismo de la importancia de las revisiones periódicas que pueden llegar a salvar la vida a las personas mayores con estas afecciones silenciosas aplicando la prevención en lugar de esperar a la necesidad de un posterior tratamiento.
¿Por qué se forma un aneurisma?
No hay causas específicas que expliquen la formación de aneurismas en el cerebro, sin embargo, sí existen algunos elementos que aumentan el riesgo de padecerlo de una forma determinante. El tabaquismo, el exceso de consumo de alcohol, así como la ingesta de drogas, con especial relevancia de las que tienen una acción estimulante como la cocaína, son algunos de los factores de riesgo asociados a la vida poco saludable.
Otros factores de riesgo se relacionan directamente con la edad o con el sufrimiento de alguna otra dolencia como la presión arterial elevada. Es sabido que con la edad, las arterias se van debilitando y el peligro de padecer esta dolencia se incrementa notablemente. Una vez más, estamos ante una razón de peso para tener un especial cuidado en las revisiones médicas de las personas de la tercera edad.
De igual modo, la prevención viene determinada por un estilo de vida sano con una dieta equilibrada y una actividad física regular. En este sentido, es importante incentivar a la persona anciana a que realice actividad física cada día y ayudarle a mantener la alimentación más adecuada para proteger su salud. Igualmente importante será apoyarle para que cumpla las revisiones médicas recomendadas y evitar que se automedique, beba alcohol en exceso o consuma cualquier tipo de droga de carácter recreativo.




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