Cómo nos afecta la ansiedad

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Estos días en los que la crisis del coronavirus afecta a nuestros hábitos, a nuestra rutina y a nuestras relaciones sociales y familiares es posible sentir ansiedad y estrés. La ansiedad no es una emoción ni negativa ni positiva: simplemente es un mecanismo de defensa necesario. Pero cuando la ansiedad afecta a nuestra calidad de vida, es momento de actuar para controlarla.

 

¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es una emoción normal y necesaria que nos permite adaptarnos al entorno. Podríamos decir que funciona como un sistema de alarma que se  activa cuando percibimos una situación como peligrosa para que el organismo ponga en marcha sus recursos para poder actuar.

Una dosis moderada de ansiedad es vital y necesaria para hacer frente a los retos y dificultades de nuestro día a día. La ansiedad nos ayuda a responder ante determinadas situaciones y a actuar de forma adaptativa.

 

Cuando la ansiedad se convierte en un problema

Se considera que la ansiedad es un problema cuando es desproporcionada y dilatada en el tiempo. En estos casos, la ansiedad pierde la capacidad de adaptación al medio, que es  tan útil, y pasa a tener un efecto negativo, influenciando de forma limitante nuestra estabilidad física y emocional.

 

¿Cuál es la relación entre los pensamientos y la ansiedad?

Los pensamientos son activadores clave de la ansiedad. El sistema de alarma del que hablamos no es capaz de reconocer cuándo una situación de alerta es real o irreal: son nuestros pensamientos quienes le darán pistas sobre la reacción que debe tener ante la situación.

En este punto vanos a respirar más rápido, nuestro corazón bombeará más sangre y nuestro higado liberará azúcar, para contar con energía suficiente.

Si esta situación se repite de forma habitual, la ansiedad puede cronificarse. Para que esto no ocurra, debemos aprender a reconocer los pensamientos negativos o poco realistas y sustituirlos por otros que sean más racionales y equilibrados.

 

¿Cómo nos afecta la ansiedad?

 

Psicológico: provoca inseguridad, sensación de pérdida de control, problemas para tomar decisiones…

Cognitivo: genera problemas de atención, de concentración, de memoria,  pensamientos distorsionados, recuerdos persistentes de cosas negativas, prestar atención a detalles desfavorables…

Conductual: implica que estemos hipervigilantes, alerta, bloqueados o impulsivos…

Social: provoca que estemos más irritables, que tengamos problemas para generar conversaciones o al contrario, mucha verborrea, excesivamente habladores.

Físico: puede generar taquicardia, náuseas, vómitos, palpitaciones, sensación de falta de aire, opresión en el pecho, temblores, sudoración, nudo en el estómago, molestias digestivas, rigidez muscular, cansancio…

Alteraciones en el sueño, en la alimentación y en la respuesta sexual.

 

Durante mucho tiempo se ha dicho que «la risa es la mejor medicina», y eso se aplica a la ansiedad de nuestros tiempos. Recuerda, no puedes estar ansioso y sonreír al mismo tiempo. Eso es una cosa fisiológica. Así, ver películas cómicas, hacer bromas o escuchar relatos divertidos resulta una buena manera de olvidarnos de la ansiedad.

 

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